Ayer, mientras observaba el sonido del rebaño veía la música de las copas brindando. Éramos un grupo exquisita que compassàvem sabores, acompañábamos cocciones y buidàvem historias, éramos como trobadores buscando secretos dentro de cada botella, tras cada bocado y alrededor de cada aliento. Lo hacíamos al ritmo de los bits por segundo que salían de cada beso volador, de cada sonrisa cómplice y de cada pensamiento libertino. Todo era intenso, sólo había que seguir los impulsos elementales que surgían entre tablas desnudas de maquillaje y repletas de verdad.

A la llegada, un sombrero de paja y el saludo humeado de una brasa haciéndose. Rostros bellos y alegres, amables -immensament bonitos, alegres y amables-. Expresiones de sorpresa, de ganas y de hambre de conversación. Expresiones de niñez, noveles y curiosas, expresiones de niños y de niñas contentas. Caricias de cerca, de lejos, de arriba a abajo y de abajo a arriba. Rápidas conexiones de WiFi y Bluetooth entre mascarillas prepirenaicas de verano.

Al medio, una barra de colores y un relato humeado de sangre caliente. Viva la cubitera, viva el cóctel, viva las ollas, los vuelos, los embutidos y las trufas. Viva los platos, los bancos y las maderas. Viva la intención con la que me sirves, me das, me llenas y me pones. Viva la cocina y la puerta de la cocina siempre abierta. Viva el zumo y la transformación. Viva el sol caminando por la era y viva la sombra levantando camisas. Viva el canto y la carne y los huevos y la leche. Viva el pan con tomate y la piedra. Viva el canalón, el azul y el tierno. Viva el muslo, el hombro y el brazo. Viva la brisa entre las piernas y tras la oreja, la brisa que sale de los labios contentos que cantan desde la escalera. Viva tu mirada de reojo, las miradas rectas y las funambulesques. Viva tu brazo en mi muslo y viva tu hombro con mi. Viva la dulzura hecha número. Viva el dos y el cero.

Viva la familia que lo ve parir, la montaña que presencia, la puesta de color rosa, el vecindario, la amistad y el amor. Viva la hierba, la harina y el romero. Viva la iglesia que provee y que ve. Viva el tractoret y los paseos. Viva el bolso y viva la sandalia, la bamba y el pantalón, viva la entrepierna y las entrañas. Viva el Prepirineo, el fogón, el horno y la cazuela. Viva el Cadinell que los males espanta.

Al terminar, un mercado de besos calentados por la luna y un adiós humeado de hasta pronto !. Al marchar, un combinado de sensaciones al girar el cuello y al levantar la nariz. Al bajar al coche un ardor, un gesto y un soplo en la nuca, un escalofrío y un gemido. Amistad en estado sólido, licuada, deshidrata, rallada, salpimentada y azucarada.

Ya en el recuerdo, palabras llenas de brotes curanderos y rebozadas de aromas etílicas.

Propuestas fusionadas con buenos, atrevidos, locos y provocadores deseos.

Ayer, mientras observaba el sonido del rebaño veía la música de las copas brindando. Ayer, mientras te gozaba me regalo -de nuevo- amor. 20 años después y todavía haciendo el amor ...

Todo un regalo ser contigo.

Muchas gracias, Ca Amador!

Felicidades, Salud y por 20 más!

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