Declaradme culpable

«¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos y mártires del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud; de lo que queráis.» Embriagaos (El spleen de París) Charles Baudelaire

¡Declaradme culpable!


¡Confieso! ¡Confieso! Acabad ya con esta tortura, os imploro... Manifiesto aquí mi execrable mácula y vengo a acusarme ante vosotros del hórrido pecado de enología Enología, la innombrable, anatema, arte oscuro y elitista que conduce a los profanos por el sofisma que dicta que el vino es solo para iniciados y que aleja a sus adeptos del mero placer hedonista que nos ofrece un trago de vino Aflojad esta soga que atenaza mi aliento, bajadme del patíbulo y acometeré propósito de enmienda La penitencia ya está impuesta: desde este púlpito al que he sido elevado, vocearé todo el excremento que me corrompe las asaduras

¿Por dónde arrancar la confesión? ¿Cómo acabé yo, niño tan virtuoso, compasivo y bien peinado para las fotos del colegio, emponzoñado en doctrina tan infame y dañosa?

Quizás todo sea culpa de un progenitor descuidado, aquel que me conducía a tabernas de olor a serrín húmedo y bandejitas con altramuces sobre la alta barra de granito.. Sí, tiernos imberbes, existían, no son lugares mitológicos. Y en su interior se mercadeaban vinos recios en chatos de vidrio deslustrado. Y se servían con descuido, solos, con gaseosa, con una tajada de melocotón... Herejía, gritaréis mis hermanos en el dogma. No. Por entonces la enología no había destrozado aún familias al mandato de sus preceptos

Ese padre desavisado, sujetando el palillo de madera astillada, sacaba el melocotón del chato de vino, y, en alguna afortunada ocasión, lo pasaba a su hijo, yo, para mi indisimulado disfrute

Quizás fue mi primer y gozoso contacto con el vino. Un vino malo, sin duda, servido frío, echado ya a perder, no sería de extrañar, pero que en la boca de un novato era ambrosía exclusiva de paladares celestiales. Concluir que aquel simple y cándido gesto iniciático condujo mi vida por una serie de errados senderos hasta desembocarme a pecar de enología (de palabra, obra y omisión), concurriréis conmigo, es mucho concluir

Es sobre todo aventurado porque no me recuerdo a mí mismo, en aquel momento, tratando de desentrañar en el jugoso bocado, aromas, sabores, sensaciones táctiles, defectos, virtudes... Por aquel entonces desconocía yo el significado de la palabra "organoléptico", voz esta que encierra en sí misma toda la herética fe enológica

No puedo justificarme en el discutible error de quien sólo quería compartir conmigo un placer, el del vino, compartirlo con un infante cuando, incluso entonces, nunca estuvo bien visto dar vino al niño, incluso al niño sediento

Todo lo que Vino después solo yo puedo asumirlo de forma adulta y responsable. Y soy sabedor de que mi falta ya no tiene enmienda, seré enólogo de por vida, caiga sobre mí vuestra compasión

Pero muchos de vosotros aún estáis a tiempo: huid de la enología, no catéis vinos, no caigáis en esa tentación, no los escupáis, no giréis vuestras copas, bebedlos, disfrutadlos, conocedlos, amadlos, embriagaos, embriagaos de vino, de poesía, de música, de arte, de cultura, de amistad

Y hacedlo en soledad, si así lo deseáis, pero no olvidéis que el buen vino, como el buen sexo, se puede disfrutar en solitario, pero es mucho más divertido si lo compartís con alguien...
... dejemos, pues, la virtud para otros...

Podéis ir en paz

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